Guerreros de la Roca

Aquí un análisis del libro de Guerreros de la roca, el cual, nos muestra pautas para entrenar la mente durante la escalada que fácilmente se puede extrapolar a la nuestro día a día.

Índice

●Metas y filosofía variada
●Búsqueda de significado
●Zona de confort y retos
●Tomar conciencia
●Amor por el aprendizaje
●Autodiálogo y fugas de poder
●Palabras de poder
●Convertirse en observador
●Auto-Conexión
●Actitud mental
●Aceptar la responsabilidad
●Expectativas
●Pensamiento de posibilidad
●Zona de confort
●Gestión del estrés
●El camino del Guerrero
●Métodos para mejorar la receptividad ante la intuición
●Tenemos empleos que odiamos…
●Éxito y fracaso
●Vivir desde el corazón
●Memento mori
●Aprendizajes del libro
●Puesta en práctica
●A la hora de escalar

Metas y filosofía variada

La mejor manera de afrontar una meta o destino es entendiendo que independientemente del resultado lo importante será siempre el proceso. La meta debe ser el constante aprendizaje de nosotros mismos ante las diferentes situaciones que nos acontecen en la vida, un acto que nunca acaba. He aquí nuestro ouroboro.

Para entrar en estados de flow cuando realizamos cierta actividad o para poder disfrutar de una vida tranquila debemos trabajar nuestra mentalidad. La vida es probablemente bastante difícil y transformar nuestra mente es muy complicado. Para ello, debemos trabajar disciplinadamente nuestra mente adoptando ciertos métodos que nos ayudan a controlar nuestra atención: sin duda el mejor es la meditación o simplemente poner atención a nuestra respiración y saber distanciarnos de nuestro ego por medio de la autoobservación y entendimiento de que no somos ese mono de pensamientos incesantes.

En el trabajo interior de observarnos debemos poner especial atención a las veces en las que nuestro autodiálogo está quejándose o reaccionando ante algo de la realidad. Esa irritación con lo que es, nos da información sobre la historia que nos estamos contando o sobre nuestros patrones de pensamiento que tenemos arraigados y puede que su raíz sea el miedo a salir de la zona de confort y crecer.

Uno de los aspectos esenciales en la filosofía del guerrero de la roca es el aprendizaje constante del control mental. Nuestra realidad gira en torno a nuestra capacidad de controlar nuestra atención y mente. Así, cuando conseguimos controlar nuestra mente controlamos todo nuestro mundo. Proceso clave para mantener la calma y disfrutar ya sea la escalada o nuestra vida.

“El control mental es la clave para comenzar cualquier proceso y para resolver cualquier problema»

– Arno Ilgner

Búsqueda de significado

Dotar de sentido a nuestra vida es nuestra máxima responsabilidad, encontrar algo que nos apasiona provoca que nuestra vida sea más agradable y al sentir felicidad en nuestras vidas empezamos a querer compartir nuestra plenitud con los demás.

Zona de confort y retos

Salir de nuestra zona de confort ese básico que nos cuesta tanto, donde generamos una conversación interior buscando excusas para no hacer tal cosa. Es decir, nosotros mismos somos nuestro principal enemigo. Gran parte de nuestro comportamiento en la vida está controlado por la imagen de nosotros mismos que nos dice nuestro ego y por nuestro miedo al fracaso. Así el auténtico propósito del guerrero de la roca es aumentar la conciencia para asumir los nuevos retos desde el amor y crecimiento personal.

En resumen, el camino del guerrero de la roca es una profunda introspección donde uno empieza a conocerse, cuya única responsabilidad recordando a Viktor Frankl es que siempre tenemos nuestra última elección o voluntad ante nuestras circunstancias. Este concepto referido a nuestro interior mental tiene la capacidad de configurar toda nuestra realidad o lo que es lo mismo, toda nuestra vida.

Tomar conciencia

Vivir desde el darse cuenta es prestar atención u observar nuestros pensamientos interiores para averiguar cómo pensamos y lo más importante de dónde vienen esos pensamientos. Esta introspección va encaminada a cambiar, ya que sin cambio no hay crecimiento. Esto debería ser una máxima la cual nos sumerge en el cambio o flujo constante de la vida, logrando así estados de plenitud con nuestro ser, deberíamos «siempre» estar en constante cambio.

Por repetitivo que resulte: la puesta en práctica del darse cuenta es poner atención a nuestro interior, a nuestros pensamientos.  

Amor por el aprendizaje

Delegar nuestra felicidad o estados de plenitud al éxito o a la obtención de nuestras metas es un acto que puede desembocar en un pozo de desesperación y frustración. Debido a que conseguir o no lo propuesto es algo que no depende 100% de nosotros, es algo externo donde intervienen multitud de factores. Por ello, nuestro trabajo es centrarnos en disfrutar de la constancia del proceso, disfrutar los objetivos que nos hemos fijado porque mientras progresamos en su consecución estamos aprendiendo y creciendo como seres humanos, aquí está la clave. Escalamos para poner en práctica nuestras capacidades físicas y mentales, para aprender nuevas formas de obtener un determinado paso clave, no por el hecho de acabar la vía, ya que siempre habrá otra vía, debemos fijar nuestra meta en el aprendizaje de nuevas habilidades y no en el resultado. 

Cuando hemos trabajado bastante nuestro interior, experimentamos una disciplina interna que nos confiere mayor confianza en nosotros mismos. Estamos en equilibrio, conocemos nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles, no somos invencibles pero conocemos y confiamos en nuestras habilidades. Esta seguridad en uno mismo da más valor a nuestras acciones.

Autodiálogo y fugas de poder

La relación con nosotros mismos pasa sobre todo por esa conversación continua que tenemos en nuestra cabeza, no solo se le debe prestar atención sino que debemos modular nuestro vocabulario para que sea potenciador y no limitante, por ejemplo, deberíamos evitar diálogos reactivos, de deseo o esperanza, por diálogos donde nos damos oportunidades, nos admiramos y nos contamos verdad. Cambiando este enfoque empezamos a ganar mayor confianza en nosotros mismos y nuestra realidad pasa a verse de otra forma.

El trasfondo de un diálogo reactivo es el ego, es nuestra rigidez al no obtener lo que queremos, cuando nuestras reglas e influencias internas se ven amenazadas poniéndonos así a la defensiva. Respecto a los diálogos de esperanza y deseo son pensamientos pasivos, ya que delegan en circunstancias externas la consecuencia de los resultados de nuestros esfuerzos o acciones. Cuando la clave es centrarse siempre en el continuo aprendizaje que generamos durante el proceso de determinado objetivo o resultado.

«La vida es proceso no resultado» 

En cuanto al deseo, nos enfrentamos a un gran gasto de energía, cuando no aceptamos la realidad. Empezamos a generar una irritación interna que perjudica a nuestra capacidad de resolución. En vez de desear otra realidad, deberíamos aceptar lo que es, y en base a ello, aunar nuestros recursos para poder hacer lo mejor con lo que tenemos exterior e interiormente. 

Palabras de poder

Nuestras acciones son el resultado de lo que nos decimos en nuestra cabeza, por ello, debemos tener un diálogo que tienda a conservar nuestra energía para usarla sabiamente. Las palabras implican juicio, palabras como bien o mal, éxito o fracaso implican deseo, alegría o frustración, en vez de aniquilarnos con palabras cargas de resultados, debemos usar un vocabulario centrado en el proceso del esfuerzo, como por ejemplo, voy a disfrutar de este esfuerzo, voy a sentir como mi cuerpo ejerce tensión y fuerza.

Otras palabras que no deberíamos utilizar son: 

  • «Preocupación«, ya que significa temor, angustia, inquietud por lo que ha ocurrido o va a ocurrir, en vez de ello, debemos tener un estado de atención, curiosidad, asombro…
  • «Tengo que«, ya que implica obligación y cierra la oportunidad a cualquier otra alternativa, en vez de ello, podemos decirnos «voy a, elijo/escojo esto».
  • «Intentar» ya que implica la posibilidad de que no ocurra lo que te has propuesto sin que sea por tu culpa. Hazlo o no lo hagas pero no lo intentes, como decía Yoda. Pon toda tu atención y responsabilidad en el proceso, no lo intentes a medias.

En resumen, trabaja tu introspección, que cada acción sea el resultado de tu atención/voluntad deliberada. Haz una cosa cada vez, aunque sea atarse los cordones, pon toda tu atención y hazlo lo mejor posible.

Convertirse en observador

Para poner en práctica la atención de nuestro interior tenemos que empezar a vivir conscientemente, tenemos que vivir el «darse cuenta», para ello podemos: 

  • No reaccionar a nuestro continuo diálogo interior, distanciarnos intentando vernos desde fuera, no somos ese continuo pensamiento, somos silencio y paz.
  • Tomar conciencia de cuando está hablando nuestro ego, de cuando estamos en modo autómata, juzgando, o inmersos en acontecimientos pasados o futuros

Cuando mejoramos nuestro conocimiento tenemos una mayor capacidad de centrar nuestra atención en estados de autocontrol y autosuficiencia, inhibiendo pensamientos reactivos y de deseo que conllevan fugas de poder.

Auto-Conexión

Vivir en coherencia con nosotros mismos es una ardua tarea, una tarea que acaba el día de nuestra muerte, ósea que «nunca» acaba. Por ello, algunas herramientas que podemos controlar son:

  • La observación y corrección de nuestra postura. Nuestra postura indirectamente es capaz de hacer que nos sintamos abatidos o por el contrario empoderarnos, mantén los hombros hacia atrás y firmeza en tus pasos.
  • La expresión fácil. El simple hecho de sonreír libera una cascada de neurotransmisores relacionados con estados de bienestar, aunque la sonrisa sea forzada, prueba a mantener la sonrisa 15-20 segundos seguro que algo cambia.
  • La respiración. Respirar nos conecta al presente y con nuestra fisiología, nos relaja o nos excita, puede ser consciente o inconsciente, la respiración es la herramienta más poderosa para el control cuerpo-mente. Una respiración profunda y consciente manda de manera inconsciente el mensaje de que está todo bien, fundamentalmente los beneficios de una respiración lenta y profunda son la activación del sistema parasimpático que conlleva relajación y reducción del estrés.

Actitud mental

Completar una vía de escalada, en realidad, no es algo significativo que envíe a nuestros hijos a la universidad, nos dé de comer, ni contribuye a la paz mundial… Sin embargo, pese a ser algo banal, la lectura de fondo es que como la consecución de cualquier otro objetivo lo verdaderamente importante es el aprendizaje y el crecimiento que implican durante el proceso. Sólo cuando aprendemos sobre nosotros mismos y nos damos cuenta de que somos nuestro propio recurso podemos extrapolar estás enseñanzas a todas las demás facetas de nuestra vida y disfrutar así de una vida plena.

Para aprender y crecer necesitamos primero entender que no somos nuestras creencias, ni nuestro diálogo interior, estos seguramente no están limitando. Debemos en parte tener una mente abierta que se escucha pero no se cree todo lo que se dice, a la vez que está abierta a nuevos aprendizajes e información.

«Controlamos nuestra apertura de mente y nuestra motivación cuando prestamos atención al contenido de nuestro diálogo interior»

Aceptar la responsabilidad

La esperanza es un comportamiento pasivo que implica desear otra alternativa a la realidad, nos auto engañamos fantaseando con otra realidad e incluso esperamos que cuando suceda tal situación deseada empezará nuestra vida a ir mejor, o empezaremos a cambiar o lo que sea. Mientras la realidad es la que es, el tiempo pasa y vivimos a esperas de algo que nunca ocurre sin darnos cuenta de que nuestro tiempo de vida es lo que pasa y no nos espera. Para contrarrestar esto, debemos aceptar la responsabilidad de nuestra realidad y en base a nuestros recursos actuar de la mejor manera.

«Si no eres feliz con lo que tienes, difícilmente lo serás con lo que te gustaría tener»

Socrates

Cuando aceptamos la responsabilidad de nuestra realidad empezamos a ver nueva información que nos permite comprender todo de una manera diferente al estado de no aceptación. Adoptamos una posición de control donde valoramos nuestros recursos y vemos posibles soluciones. En cambio, cuando no asumimos responsabilidad, nos estancamos deseando otra realidad, echamos la culpa a causas exteriores… En definitiva, generamos tensión e irritación con lo que es, vivimos frustrados y enfadados.

Al aceptar la responsabilidad de nuestra realidad nos damos cuenta de que la vida es difícil (-Es una mierda y al final te mueres), vivimos la cruel lotería de la vida donde lo normal (atendiendo como normalidad al concepto estadístico) es que las cosas vayan mal, no tenemos el control de nada, vivimos en una especie de red o tela de araña de factores que nos influencian y en su mayoría escapan a nuestro control, provocando que surjan dramas. Pero, tenemos el control de nuestra última voluntad, de controlar nuestro interior mental para encontrar paz dentro de los obstáculos, lo cual nos dota de templanza para actuar con autocontrol, enfrentar los obstáculos como oportunidades y con una actitud de curiosidad y aprendizaje ante las catástrofes de la vida.

Por otro lado, existe un pensamiento peligroso respecto a las esperanzas que fijamos en los resultados según nuestros esfuerzos. Si, es cierto que se debería recibir algo a cambio cuando nos esforzamos por nuestros objetivos, pero, olvidamos que en la vida no hay justicia. Dicha justicia parte de nuestro juicio y percepción, por ello, sólo podemos centrarnos en lo que está bajo nuestro control, que es el proceso y no el resultado. En resumen esto significa:

«Centrarnos en nuestra capacidad de aprender, conocernos y disfrutar todo esfuerzo sin poner demasiadas expectativas en los resultados»

Expectativas

En resumidas cuentas, la clave de las expectativas es poner la atención como ya se ha comentado, en el proceso o actitud del esfuerzo que conlleva la realización de una determinada meta. Donde el auténtico resultado es el aprendizaje y en el caso de la escalada el auto control de nuestra relación mente-cuerpo.

Sin embargo, cuando experimentamos un sentimiento de frustración significa que nos hemos desviado de nuestro objetivo principal: disfrutar del proceso. Significa que estamos poniendo nuestras expectativas en el resultado. Cuando lo único que podemos hacer es fijar nuestra atención en esforzarnos al máximo pero solo en los aspectos que están bajo nuestro control: 

  • Nuestra mente 
  • Nuestra actitud
  • Nuestras acciones y palabras 
  • Nuestro entrenamiento corporal y mental 

Pensamiento de posibilidad

Nuestros pensamientos determinan nuestra realidad, por ello, adoptar pensamientos de posibilidad implica mejorar nuestras capacidades a la hora de esforzarnos ante nuestros objetivos. Es decir, es importante que veamos una posibilidad dentro de nosotros mismos para crear un espacio que con el tiempo, año tras año, mejoramos y crecemos. Necesitamos un pensamiento innovador que asuma responsabilidad en el presente para potenciar nuestro aprendizaje constante inyectado hacia el futuro.

«Es importante ver la posibilidad dentro de ti mismo para creer que tienes el potencial de afrontar grandes retos»

Zona de confort

Estar en nuestra zona de confort significa envejecer, significa que tenemos cierta resistencia o miedo a los cambios, dado que la vida es cambio y nadie está exento a los riesgos y catástrofes que está contiene. Adoptar una posición estanca de seguridad nos hace esclavos del miedo y provoca cierta ansiedad constante al cambio. Por otro lado, si entendemos esto y afrontamos riesgos, salimos de nuestra zona de confort, nos incomodamos y elegimos sufrir de manera voluntaria, nuestra tolerancia al estrés aumenta. Nos volvemos más resistentes y resilientes, capaces de afrontar los vaivenes de la vida, asumiendo los como circunstancias transitorias que aumentan nuestra capacidad de aprendizaje, oportunidades que nos hacen más sabios, fuertes y tolerantes. En definitiva, al aventurarnos en la incomodidad, aumentamos nuestra escala de tolerancia al estrés, generando estados de paz interior, seguridad y comodidad donde antes había inseguridad, miedo…

Gestión del estrés

Enfrentarse a la salida de la zona de confort, supone cierto estrés, el estrés idealmente debe ser valorado como oportunidad, significa que hay algo dentro de nosotros que nos genera irritación, está identificación ayuda a conocernos mejor, ya que nos invita a averiguar qué patrones o influencias tenemos ancladas en nuestros pensamientos. Algunas herramientas que tenemos frente al estrés son: 

  • Planificación del esfuerzo de nuestros objetivos y desapego de sus resultados
  • Fluir con lo que es manteniendo una mente abierta, resiliente y flexible
  • Higiene mental: meditación diaria, escribir nuestros pensamientos, respiración consciente, perspectiva…

El camino del Guerrero

El auténtico camino de la vida está guiado por nuestro corazón, un temperamento tranquilo, atento, abierto, humilde que consigue afrontar y aprender de los infortunios de la vida. Este camino se basa en el amor por lo que se hace, esta conexión con lo que realmente valoras permite experimentar estados interiores de paz y aceptación que inhiben los estados de juicio e irritación que experimentamos cuando no aceptamos la realidad consecuencia de las historias, normas o hechos que nosotros mismos nos convencemos de que son  intolerables, los cuales nos los hemos inventado y nos limitan. Aceptar lo inaceptable es la máxima expresión de libertad.

Métodos para mejorar la receptividad ante la intuición

  • Auto-observación
  • Respiración consciente (centra nuestra atención al presente)
  • Mente abierta y curiosa
  • Poner en duda las creencias fijas y limitantes
  • Evitar hacer juicios
  • Diálogo personal potenciador cargado de preguntas facilitadoras y palabras positivas 

Tenemos empleos que odiamos…

«Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos…» Si, una frase mítica del Club de la Lucha que podemos darle otro enfoque interesante: 

«Forzamos nuestro tiempo viviendo en la esperanza de los futuros resultados que no nos satisfacen y hacen desear más y más…» Como venimos profundizando, lo importante es centrarse en el presente, vivir con la atención plena aquí y ahora, habitar el momento, fluir con la realidad con el fin de encontrar plenitud, comodidad, estabilidad, paz o significado interior allá donde estemos, porque siempre viajamos con nosotros mismos. 

La sociedad en la que vivimos nos influencia continuamente hacia una actitud de competitividad, meritocracia, conseguir siempre resultados exitosos, seguir un objetivo o logro… Todo ello para tener más valor o ser de un perfil de persona volcado en el progreso centrado siempre en objetivos futuros. Pero, el precio de esto es que sacrificamos nuestro bienestar del presente, sobre todo porque cuando alcanzamos nuestros objetivos, descubrimos que no existe un final, hay otro objetivo pendiente, otro deseo, nos sentimos insatisfechos, vacíos por haber alcanzado tal objetivo, incluso, sentimos cierta nostalgia por la pasión que sentíamos cuando estábamos inmersos en el proceso de alcanzar nuestro objetivo… Y así nos pasamos la vida, deseando un futuro mejor, esperando algo que nunca llega, engañados en un ouroboro de insatisfacción. Por ello y repitiendo otra vez un concepto ya mencionado, lo primordial es darnos cuenta de que lo único que existe es el presente, aquí es donde en vez de vivir corriendo ciegamente en el futuro, valoramos el proceso en sí mismo disfrutándolo conscientemente.

«Detrás de las montañas hay más montañas»

Al aceptar el presente desechando nuestras esperanzas o deseos por la recompensa futura, aprendemos a permanecer más relajados, gozamos de mayor estabilidad y estados de plenitud que nos ayudan a enfrentar todo lo que nos ocurra en la vida. Dado que la naturaleza de la vida es una rueda aleatoria de caos y fortuna, dirigimos así nuestra atención a aprender de todas nuestras  experiencias, adoptamos una filosofía de viaje o proceso no de destino o resultado.

Éxito y fracaso

Vivir en espera de un resultado sea exitoso o no, tiende a generar estados de ansiedad, irritación, tensión, frustración, nerviosismo, etc. Un guerrero de la roca vive el esfuerzo del proceso hacia el objetivo, sin esperar nada más que el mero aprendizaje de su esfuerzo. Ya que, si por ejemplo tuviera éxito no se replantearía como norma general la causa de su existencia, acto que sí que ocurre cuando fallamos. Pero, si vivimos en un constante aprendizaje solo nos queda ganar y/o aprender de todas nuestras experiencias.

En el presente solo existe el esfuerzo. Mientras que el éxito y el fracaso son los fantasmas del ego. Nuestro ego solo busca un listado de trofeos sin salir de la zona de confort por el miedo al fracaso. Esto hace que vivamos estancados.

Vivir desde el corazón

Para poder vivir desde un estado de amor, es necesario entender que debemos antes rendirnos. Es decir, cuando nos rendimos a lo que ocurre en nuestra vida, aceptamos la realidad, sin generar tensión, despejamos nuestra mente de los pensamientos juiciosos disfrutando así de mayor tranquilidad y capacidad de acción o resolución. Vivimos en libertad, aceptamos y nos adaptamos a lo que es, fluimos con la realidad. Percibimos así mayores estados de plenitud, llegándonos incluso a sentir cómodos con todo, vivimos estados de profundidad donde conseguimos amar y disfrutar de todo lo que nos ocurra, gracias a mantener una mirada atenta y volcada en el aprendizaje.

Memento mori

La muerte es nuestra mayor consejera, nos recuerda que algún día dejaremos de experimentar la vida. Por ello, la muerte le da sentido al absurdo de la vida, porque nos invita a crear nuestro propio sentido, nos recuerda que todo es efímero y que tanto el tiempo como la vida no esperan, son constantes así que no nos perdamos en la carrera del ego, en quejas, lamentos, enfados… Que carecen de significado cuando recordamos que vamos a morir. En resumen, aprovechar nuestro valioso tiempo en la tierra encontrando nuestra paz y plenitud para así disfrutar de todo lo que ocurra.

Aprendizajes del libro

La motivación o mejor aún la disciplina está basada en el amor por lo que hacemos. Así controlamos mejor nuestra atención aumentando nuestra consciencia en el momento presente. Es decir, tenemos la sensación de que vivimos más, de que el tiempo pasa más despacio. Cuando, sobre todo sabemos organizarnos y hacer muchas cosas pero solo 1 a la vez con toda nuestra atención.

Centrarse en el constante aprendizaje o crecimiento que nos otorgan los procesos y no en el resultado. Viviendo así en constante cambio evitando la muerte que provoca estancarse en la zona de confort.

Nuestra responsabilidad es encontrar dentro de nosotros mismos los recursos que nos dotan de paz, plenitud,  tranquilidad y sobre todo temperamento frente a las adversidades que aparecen tarde o temprano en la vida.

Aceptar que estamos en la vida de viaje donde nuestro único propósito es ser felices, y que esto, simplemente es un estado por defecto del ser que abarca todas nuestras experiencias y sensaciones. En definitiva, pasa por tu vida contemplando, controlando tu atención, aprendiendo, creciendo y descubriendo continuamente quién eres.

Puesta en práctica

Meditación

La meditación es una de las mejores por no decir la mejor herramienta para hallar calma y plenitud mental, con ella nos observamos y empezamos a conocernos en profundidad. Factores imprescindibles para estar en conexión con nosotros mismos y disfrutar así al máximo de nuestra vida. Ya que cuando realmente te conoces, potencias tu tiempo en hacer lo que realmente te gusta y disfrutas más cada pequeño momento de alegría.

La meditación funciona básicamente porque nos ayuda a crear más espacio entre el yo y nuestros pensamientos. Nos convertimos en el observador, perdiendo la identidad con los pensamientos y escogiendo de manera racional las acciones necesarias para cada circunstancia que nos presenta la vida.

Respiración deliberada

La respiración a la par que la meditación es también una herramienta fundamental ya que cuando préstamos atención a nuestra respiración nos conectamos instantáneamente con el presente. Esto es clave para mantenernos en el proceso o estados de flow inhibiendo así estados de ansiedad. 

Lo importante de la respiración es centrarnos en respirar profunda y tranquilamente por la nariz, echando el aire y manteniendo un poco el periodo entre las respiraciones. Con esto estimulamos el diafragma y vaciamos la zona baja de los pulmones activándose el nervio vago que activa al sistema parasimpático, sistema encargado de la respuesta de relajación del cuerpo. Tal y como su nombre indica el nervio vago, «vaga» por todo el cuerpo. En este caso, comunica el diafragma con el cerebro confiriendo efectos de tranquilidad mental y relajación profunda.

¡Alto! Y cuenta 5

Cuando estés en un vicio o hábito negativo haz un stop y para de hacer tal vicio, o cuenta hasta 5 y emprende acción. Con esto controlamos nuestro comportamiento evitando comportamientos autómatas e inconscientes.

Observar las reacciones

Cuando llevamos tiempo meditando y observándonos, resulta más fácil identificar nuestros estados rumiativos de cháchara mental, ahí es cuando debemos darnos cuenta de que tipo de diálogo interior tenemos y dónde está nuestra mente, si no estamos limitando o estimulando. Gracias a esta autoobservación nos conocemos más y podemos disfrutar estados de paz mental. Por otro lado, podemos observar en las personas de nuestro alrededor como entran fácilmente en enfados, irritación, quejas, frustraciones ante situaciones nimias. En general, todos tenemos circunstancias a resolver y no grandes problemas. El caso, es que vemos cómo problemas las circunstancias nimias y así cuando surgen los problemas de verdad, nos sobrepasan y caemos en estados de depresión profunda. (Por ejemplo, una circunstancia a resolver puede ser llegar justo a fin de mes, que el coche se estropea, que un noviazgo acabe… Y un problema es una enfermedad crónica grave o incapacitante, la muerte accidental de varios familiares a la vez, que se incendie tu casa…)

A la hora de escalar

Para terminar, aunque no lo parezca el libro trata sobre la escalada, solo que he centrado sus aprendizajes a modo de conceptos filosóficos dedicados a nuestro día a día.

Mientras escalamos podemos trascender de lo deportivo convirtiéndo la escalada en una meditación. Para ello, debemos empezar a observar donde se nos va nuestra atención, enfocándonos en el momento presente mediante el control consciente de una respiración suave y profunda. Nos hablamos positivamente mientras ejecutamos los movimientos, confíamos en nuestros recursos cómo escaladores y aceptamos las consecuencias de la situación, en este caso, hacer o no hacer la vía o bloque. Aceptamos el riesgo de no hacerla y caer, poniendo así acción pese al riesgo. Sabemos dónde estamos, fluimos en el riesgo sintiéndonos cómodos, de repente estamos en un estado de máxima atención donde no existe nada más que nuestra respiración y la coordinación de nuestro cuerpo ejecutando la vía. Ese es el preciso instante donde somos uno con todo, donde se para el tiempo, donde no somos el bucle de nuestros pensamientos rumiativos sino que somos el momento presente. Somos el flujo del presente.

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