Ayuno y dieta cetogénica

Ayuno y dieta cetogénica

Ayuno intermitente y dieta cetogénica la «nueva» moda que inunda hoy las redes sociales, vamos a matizar el porque no es lo ideal a largo plazo.

Una dieta con restricción de calorías a corto plazo conlleva adaptaciones metabólicas y celulares que reducen el daño oxidativo, y ayudan a optimizar el metabolismo energético aumentando el eje metabólico adrenal (cortisol y adrenalina). Pero a largo plazo, llevar una dieta hipocalórica se traduce en un estado de estrés y de letargo hormonal. Al respecto, os adjunto un enlace sobre el conocido experimento de Minesota, en el que las personas objeto del mismo sufrieron una gran disminución metabólica tiroidea, que derivó en signos y síntomas tales como irritabilidad, alucinaciones, fatiga, dolor muscular, sueños obsesivos con comida… Está claro que en este experimento se les llevaba al extremo de la restricción calórica, pero aunque el déficit calórico sea leve, se sufre igualmente alguno de estos efectos en mayor o menor medida. 

Sin embargo, el ayuno -en sus distintos protocolos- tiene los mismos “beneficios cortoplacistas” (como son el control de glucosa, la mejora de la sensibilidad a la insulina, la mejora de la presión arterial, entre otros) que una dieta baja en calorías sin la restricción calórica pertinente. Además de que promueve la autofagia celular, un mecanismo de equilibrio esencial que previene la carcinogénesis y cambios prematuros del envejecimiento. Aunque no el único, el ejercicio de fuerza también promueve la autofagia.

Beneficios corto placistas del ayuno o dieta cetogénica

Así, por ejemplo, ayunar cinco días provoca cambios beneficiosos y rejuvenecedores en diferentes tejidos, incluidos los sistemas endocrino, inmune y nervioso. Pero cuidado, ayunar es diferente a la inanición o síndrome de consunción, que se da cuando el cuerpo ya no consume sus propios ácidos grasos  y empieza a consumir sustratos funcionales proteicos en este orden: músculo, hueso y órganos, terminando en el tejido cerebral.

Más concretamente, un ayuno de 48 a 120 horas reduce la señalización pro crecimiento de IGF-1, activa vías de resistencia celular a toxinas y promueve la autorrenovación de células madre hematopoyéticas. 

Por poner más ejemplos, distintas estrategias de ayuno se emplean en pacientes antes de empezar la quimioterapia, ya que han evidenciado menos efectos adversos que aquellos que no se han expuesto al ayuno.

Los distintos beneficios que aúnan los diferentes protocolos de ayuno, en general, son  la reducción del riesgo de cáncer, de diabetes y de enfermedad cardiovascular.  Por ello, no es descabellado afirmar que el ayuno es un promotor de la salud humana.

Desequilibrio metabólico

Pero el organismo siempre tiende al equilibrio. Así, cobra vital importancia mantener la glucosa en sangre constante. Y es que, tanto las subidas bruscas como las bajadas de glucosa sanguínea son una forma de estrés. Estar continuamente ayunando y combinado con una dieta cetogénica, es muy estresante para el organismo ya que constantemente se requiere del eje metabólico adrenal, estimulado por la bajada de la glucosa en sangre, el cual empieza a catabolizar ácidos grasos para obtener energía. 

La dieta cetogénica y el ayuno tienen muchos beneficios, entre ellos, un metabolismo más flexible. Pero a largo plazo, estar continuamente expuesto a ácidos grasos por estar tirando del acelerador adrenal, puede generar resistencia a la insulina, intolerancia al carbohidrato, inmunodepresión, osteoporosis (por la presencia crónica de cortisol), y a mayor nivel de cortisol menos niveles de pregnenolona (hormona precursora de la síntesis de hormonas sexuales, lo que se traduce en problemas de infertilidad, impotencia, atrofia muscular) e inhibición de la hormona tiroidea. Es decir, se genera resistencia adrenal.

Por todo ello, es muy importante hacer un uso coherente del ayuno y la dieta cetogénica. El ayuno debe tener lugar, sobre todo, en épocas donde nuestro entorno no supondrá ningún estrés añadido. Combinar ayuno intermitente con una dieta rica en carbohidratos simples y baja en ácidos grasos poliinsaturados que promueve la tasa metabólica tiroidea, es un equilibrio más inteligente.

FUENTES

Sebastian Brandhorst et al., en NCBI

Hamed Mirzaei et al., en NCBI

Chia-Wei Cheng et al., en NCBI Valter D. Longo y Mark P. Mattson, en NCBI

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